Háptico, lo


“El término 'háptico' viene del verbo griego háptomai que significa 'entrar en contacto con', 'tocar' o 'agarrar'. El carácter deponente del verbo (forma de voz pasiva, sentido de voz activa) refleja una de las cualidades más fundamentales de lo háptico: la simultaneidad del afectar y del ser afectado. Tocar es ser tocado. Sentir es sentirse (...) Lo háptico surge entonces para dar cuenta de un cierto tipo de sinestesia que se da entre los sentidos de la vista y el tacto, mediante la cual, gracias a un banco de datos que recolectamos desde que nacemos podemos anticipar la textura de las cosas sin tocarlas. Si la vista nos permite anticipar texturas es porque, a lo largo de nuestra vida, hemos recolectado innumerables experiencias táctiles. Al ver una lija sabemos cuán áspera se siente al tacto (no así al ver la piel de un tiburón, pues muy poco de nosotros hemos tenido la oportunidad de tocar uno), al ver un bola de algodón sabemos cuán blanda y cuán suave (esta experiencia nos permite anticipar la textura de la lana de una oveja aunque nunca la hayamos tocado, por ejemplo). Esta es la memoria háptica. Pero en los últimos años la noción de lo háptico se ha expandido para incluir otras formas de sensibilidad que trascienden la mera exterocepción, o contacto epidérmico superficial, y la relación entre el tacto y la vista. La interocepción (percepción del interior del cuerpo), la propiocepción (percepción del movimiento de las distintas partes del cuerpo en relación de unas con otras y la sensación de equilibrio) y la sinestesia (capacidad de moverse y percepción del movimiento) son consideradas epifenómenos de lo háptico. Es innegable que hay algo táctil en la sensación de tragar algo, en el retorcijón, en el latido del corazón, en el dolor de cabeza. En cuanto a la sensación de equilibrio y orientación corporal, la aceleración y desaceleración del cuerpo, se trata de facultades tremendamente complejas que funcionan automáticamente y que, por tanto, es difícil distinguir como sensaciones discretas. Se puede decir entonces que, al menos en un sentido fisiológico, el tacto es el único sentido realmente irreductible. Pero si todas estas formas complementarias de percepción del cuerpo propio se asocian con el tacto antes que con cualquiera de los otros sentidos es porque son, como este, de naturaleza afectiva".

Maurette, Pablo. El sentido olvidado. Ensayos sobre el tacto. Mardulce, 2017. p. 54-59